Mi forma de verlo:

No os dejéis llevar por el provocador título. Sin intención alguna de menospreciar la valua y la gran relevancia del Design Thinking como metodología de trabajo en procesos de creación, en este artículo, Steve Vallo pretende simplemente reinvindicar la importancia de las estructuras sistémicas, posicionando así el método de organización como prioritario, ya que el sistema es el que finalmente interconecta las partes que son siempre dependientes de la conexión que se establece entre ellas. Aquí, unos apuntes de lo más destacado. 

Recopilación:

El pensamiento de diseño (design thinking), tal como fue concebido hace 15 años, ha dado de sí todo lo que podía. Ha llegado la hora del pensamiento sistémico.

El ejemplo del iceberg nos sirve para explicar los aspectos que determinan el pensamiento sistémico. Los acontecimientos tienen lugar en la parte superior del iceberg y son las incidencias con las que nos enfrentamos a diario, el ajetreo cotidiano. Los patrones son los hábitos acumulados o “recuerdos” de conducta resultantes de nuestra reacción reiterada y precipitada a los acontecimientos. Las estructuras sistémicas son la manera como se organizan los distintos componentes del sistema. Los modelos mentales son los supuestos que tenemos acerca de cómo funciona el mundo y que dan lugar a las estructuras sistémicas. Los valores son la visión que tenemos de nuestro futuro –es decir, aquello a lo que aspiramos– y conforman la base de nuestros modelos mentales.

En general, vivimos en el nivel de los acontecimientos, ya que es más fácil darnos cuenta de ellos que distinguir patrones ocultos o estructuras sistémicas. Aunque sean estos sistemas subyacentes los que realmente impulsan los acontecimientos de los que somos cautivos, es en la punta del iceberg donde ponemos toda nuestra energía y atención y, como le sucedió al Titanic, es ahí donde nos encallamos porque no vemos la verdad del problema, las variables y los influjos que yacen bajo la superficie. Actuamos sin entender la repercusión de nuestras acciones sobre el sistema y, por consiguiente, empeoramos la situación.

El primer concepto clave en el pensamiento sistémico es la emergencia. Lo que hace que un sistema sea precisamente un sistema y no un simple conjunto de partes es la interconexión de sus componentes y su mutua dependencia. Esta interconexión genera bucles de retroalimentación que modifican –y, de hecho, definen– el comportamiento del sistema.

Entonces, afloran propiedades emergentes que solamente existen en el sistema como totalidad y no en sus distintos componentes, e impiden comprender el sistema si no observamos el conjunto.

La búsqueda de puntos de apoyo (leverage points) es el segundo concepto clave del pensamiento sistémico. A menudo, antes que intentar diseñar una solución perfecta y completamente nueva, es mejor encontrar áreas donde un cambio gradual nos conduzca a una remodelación significativa del sistema. Un pequeño empujón puede provocar el mayor de los efectos.

Concéntrate en las relaciones y no en las partes; reconoce que los sistemas son autoorganizados y presentan conductas emergentes; analiza la naturaleza dinámica de los sistemas para comprender e influir en el ecosistema social, tecnológico y económico en el que tú y tu organización actuáis.

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