Mi forma de verlo:

Leo un artículo de Yuval Noah Harari sobre la polémica extinción de los Neandertales en la tierra. Desde que se supo de su existencia, en 1856, siempre se asumió que los neandertales pertenecían a un eslabón inferior de la evolución humana, y que el Homo sapiens era, por lo tanto, la cima máxima de la creación.

Hasta hace poco. Nuevos hallazgos, y recientes descubrimientos arqueológicos distan mucho de confirmar este supuesto. Parece ser que los Neandertales, eran igual de competentes y sofisticados, capaces de adaptarse a climas y hábitats diversos, con cuerpos tan atléticos, manos tan diestras y cerebros tan grandes como los de los Sapiens, si no mayores.

Entonces, ¿por qué se extinguieron Los Neandertales, homínidos suficientemente complejos e innovadores, de manera brusca hace unos 40.000 años? ¿Y por qué su extinción coincide en el momento de su encuentro con los Sapiens?

Según apunta Rebecca Wragg Sykes, en Neandertales. La vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos, la explicación radica en la capacidad de cooperación a gran escala de los Sapiens. Aunque ambos homínidos vivían en grupos pequeños, los Neandertales, rara vez cooperan entre sí, mientras que las comunidades de los Sapiens cooperaban habitualmente.

"Cooperar a gran escala no significa necesariamente que una horda de 500 sapiens se uniera para acabar con un grupo de 20 neandertales. La cooperación no tiene que ver sólo con la violencia. Los sapiens podían beneficiarse más fácilmente de los descubrimientos y los inventos de otros. Si alguien descubría una nueva manera de localizar colmenas o curar una herida, ese conocimiento podía difundirse con mucha más rapidez entre los sapiens que entre los neandertales."

Así que aunque individualmente los neandertales debieron de ser tan inquisitivos, imaginativos y creativos como los sapiens, la superioridad de las redes permitió a estos últimos superarlos rápidamente.

Podemos extraer conclusiones obvias de esta propuesta de momento especulativa, pero más que probable. ¿Y si recordamos más a menudo que somos lo que somos gracias a la cooperación?

Recopilación:

Desde que descubrimos su existencia en 1856, los neandertales han cautivado nuestra imaginación. Mientras que nos resulta fácil aceptar que el mundo alberga diferentes clases de osos y delfines, la idea de otras especies humanas nos espanta. Por su mera existencia, los neandertales desafían algunos de nuestros ideales más preciados, obligándonos a poner en cuestión la creencia de que el Homo sapiens es la cima de la creación y, en general, sinónimo de humano.

En 1856 parecía que los neandertales pertenecían a un pasado inofensivo, y que el Homo sapiens dominaría por siempre la gran cadena de los seres. En 2021 estamos mucho menos seguros de ello. Pronto las nuevas tecnologías podrían permitir resucitar a los neandertales. Más importante aún es que estas tecnologías podrían hacer posible rediseñar al sapiens o crear clases completamente diferentes de humanos.

Las nuevas tecnologías también han revolucionado el estudio de los neandertales. Cada año se publican en las revistas científicas cantidades ingentes de datos sobre esta especie humana extinta. Los medios de comunicación recogen primicias sensacionalistas, entre las que destaca que los neandertales tuvieron descendencia con los sapiens, y que entre el 2 y el 3 % de nuestros genes actuales proceden de ancestros neandertales. Sin embargo, para la mayoría de las personas los miembros de esta antigua especie siguen siendo los toscos cavernícolas que conocemos de innumerables caricaturas.

En Neandertales. La vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos, Rebecca Wragg Sykes (Londres, 1981) aspira a contar una historia totalmente nueva. La autora ha realizado un notable trabajo de síntesis de miles de estudios académicos en un solo relato accesible. De las páginas del libro surgen unos nuevos neandertales muy diferentes de los viejos de las caricaturas. Neandertales es una lectura importante no solo para cualquier interesado en nuestros primos lejanos, sino también para cualquiera a quien le intrigue la humanidad.

La contribución más importante de Sykes es entender a los neandertales como lo que eran. Solemos hablar de todas las demás especies humanas por referencia a la nuestra. Las vemos como peldaños en el camino hacia el sapiens, y queremos saber en qué fuimos superiores a ellas, si tuvimos relaciones sexuales con ellas, y si acabamos con ellas. Sin embargo, en el relato de Sykes, los sapiens aparecen solo al final, como personajes secundarios.

La autora explica que los neandertales eran seres humanos sofisticados y competentes que se adaptaron a climas y hábitats diversos que abarcaban desde las costas del Atlántico hasta Asia Central. Además de practicar la caza mayor, también pescaban en ríos, recolectaban multitud de especies vegetales, y a veces robaban miel de las colmenas. Elaboraban herramientas complejas, confeccionaban vestidos con pieles de animales, construían acogedores refugios, a veces enterraban a sus muertos, y quizá, solo quizá, hasta creaban arte.

El libro de Sykes es un canto a las maravillas de la tecnología moderna tanto como a las capacidades de los antiguos neandertales. Sin embargo, sus convincentes argumentos sobre la competencia y la diversidad de estos antiguos humanos nos devuelven a la inevitable cuestión del sapiens. Los eruditos siempre han señalado la sospechosa coincidencia de la salida de escena de los neandertales exactamente cuando los sapiens aparecieron en ella. Pero mientras los investigadores consideraron a los neandertales simples salvajes que se limitaban a subsistir en la Europa de la Edad del Hielo, fue fácil conceder a los sapiens el beneficio de la duda.

Algunos especialistas afirmaban que el cambio climático creó unas condiciones más adecuadas para los segundos, mientras que los primeros no pudieron soportarlas. Otros sostenían que los neandertales ya estaban al borde de la extinción incluso antes de que los sapiens salieran de África. Una tercera opción era que los neandertales no se hubieran extinguido, sino que se integraran en la población de sapiens en expansión. Sin embargo, la nueva síntesis de Sykes parece descartar estas posibilidades.

A lo largo de más de 300.000 años, los neandertales capearon con éxito muchos ciclos climáticos y se amoldaron a numerosos hábitats. Eran capaces de innovar y de adaptarse. Desaparecieron de manera bastante brusca hace unos 40.000 años a consecuencia de lo que parece más un cataclismo súbito que un proceso prolongado de declive. Y aunque actualmente tenemos pruebas concluyentes de que algunos neandertales tuvieron descendencia con sapiens, la evidencia también indica que fueron casos aislados. ¿Qué pasó entonces? Si los neandertales eran tan competentes, ¿por qué desaparecieron? Sykes no ofrece una respuesta definitiva, pero sus hallazgos refuerzan la sospecha de que los sapiens tuvieron algo que ver con ello. Al parecer, los neandertales eran lo bastante sofisticados e innovadores como para enfrentarse a diferentes climas y hábitats, pero no a sus primos africanos.

La autora presenta pruebas convincentes de que, como individuos, los neandertales no eran en absoluto inferiores a los sapiens. Sus cuerpos eran tan atléticos, sus manos tan diestras y sus cerebros tan grandes como los de los sapiens, si no mayores. La ventaja de estos últimos probablemente residía en la cooperación a gran escala. Sykes explica que los neandertales vivían en pequeños grupos que rara vez cooperaban unos con otros. En la época en que se produjo su encuentro con los neandertales, los sapiens también vivían en grupos pequeños, pero sus comunidades cooperaban habitualmente. Hay muchas más pruebas de intercambio a larga distancia entre los sapiens, y enterramientos tan espectaculares como las tumbas de Sunghir, datadas hace 32.000 años, reflejan el esfuerzo combinado de más de un grupo.

Cooperar a gran escala no significa necesariamente que una horda de 500 sapiens se uniera para acabar con un grupo de 20 neandertales. La cooperación no tiene que ver solo con la violencia. Los sapiens podían beneficiarse más fácilmente de los descubrimientos y los inventos de otros. Si alguien descubría una nueva manera de localizar colmenas o curar una herida, ese conocimiento podía difundirse con mucha más rapidez entre los sapiens que entre los neandertales. Aunque individualmente los neandertales debieron de ser tan inquisitivos, imaginativos y creativos como los sapiens, la superioridad de las redes permitió a estos últimos superarlos rápidamente.

No obstante, esto es especulación. Todavía no sabemos lo suficiente acerca de la psicología, la sociedad y la política de los neandertales como para estar seguros. Quizá lo más sorprendente del libro de Sykes sea que, aun contando cada fragmento de hueso y cada diente suelto, hasta ahora hemos encontrado restos de menos de 300 neandertales. Y nos las hemos arreglado para extraer una cantidad inmensa de conocimiento de ellos.

En los próximos años seguro que encontraremos más. A lo largo de más de 350.000 años, millones de neandertales recorrieron la tierra. Mientras ustedes leen estas líneas, es posible que un arqueólogo esté descubriendo otro hueso de neandertal en una cueva de Alemania, o que unos obreros rusos se queden boquiabiertos al tropezarse con el cuerpo congelado de uno en el permafrost siberiano. A medida que se acumulen restos y nuestra tecnología se perfeccione, los neandertales seguirán sorprendiéndonos. Apenas empezamos a comprender su verdadera historia.

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