Mi forma de verlo:

Rutger Bregman la lió parda en el Foro Económico Mundial de Davos del 2019. Este destacado historiador holandés, una eminencia en su campo, invitado a raíz de la reciente publicación de su libro Utopía para Realistas, no pudo callar sus verdades. 

Ahora con Dignos de ser humanos, también revoluciona la manera que hemos tenido de entender la humanidad. Resumiendo el libro en una frase: "en el fondo la mayoría de los humanos son bastante decentes. El mal es más fuerte, pero el bien es más frecuente”.

Desde hace más de 2000 años en nuestra civilización occidental ha predominado la teoría veneer (teoría de la chapa), término acuñado por el primatólogo holandés Frans de Waal, en su libro Our Inner Ape. La teoría veneer afirma que la moralidad humana es "un revestimiento cultural, una fina chapa que oculta una naturaleza por lo demás egoísta y brutal".

Hemos asumido durante mucho tiempo que el hombre es egoísta por definición y que la civilización lo contiene de sus más oscuros instintos. Pero Bregman cree que esta postura es totalmente errónea y propone una mirada más cercana a la de Yuval Noah Harari.

Según el historiador, en los últimos 50 años ha habido una revolución silenciosa en la ciencia, investigadores de muy diversas disciplinas, desde la antropología, la arqueología y la biología se han ido distanciado de esta cínica visión de la naturaleza humana acercándose a una visión mucho más esperanzadora. A pesar de las atrocidades que el humano es capaz de cometer, si se estudia en profundidad cómo reacciona la gente en situaciones límite, la mayoría son solidarias y cooperativas.

¿Recuerdan la célebre novela Señor de las Moscas? Pues es una construcción. Lo que pasó en esa isla de Tonga es muy distinto a lo que nos narró William Golding.

Bergman nos alerta del gran peligro de esta mirada malévola de la naturaleza humana que hemos estado sosteniendo como verdad incuestionable. Si aceptamos, entendemos y asumimos que el otro es mezquino, ruin y egoísta, vamos a crear relaciones, instituciones y leyes en base a eso. Las expectativas pueden ser muy potentes. Somos lo que nos contamos y lo que asumes es lo que obtienes, de aquí la profecía autocumplida.

Además hay algo muy tentador en la creencia que somos inherentemente malvados y egoístas: el poder sabe que si no podemos confiar los unos en los otros necesitamos gente que se responsabilice, es decir: los necesitamos a ellos. 

Recopilación:

Rousseau tenía razón.

Conocemos el sesgo de negatividad, un comentario ofensivo nos afecta más que diez halagos. “El mal es más fuerte –dice Bregman–, pero el bien es más frecuente”. Para escribir Dignos de ser humanos (Anagrama) se ha sumergido en doscientos mil años de historia y en diversas ciencias como la antropología, la arqueología y la biología y sus investigaciones, que demuestran que no es cierto que nuestra evolución esté marcada por el egoísmo y la falta de solidaridad sino más bien por todo lo contrario. Nuestra verdadera naturaleza es ser amables, solidarios y cooperativos, una rica y amena corrección de la perspectiva histórica. Su charla TED La pobreza no es una falta de carácter, es una falta de efectivo es una de las más visualizadas. Apuesta y argumenta por la renta universal, la semana laboral de 15 horas y fronteras abiertas.

Nuestras ideas acaban siendo profecías autocumplidas?

Si creemos que la mayor parte de las personas son egoístas, la sociedad que vamos a construir será egoísta.

¿Algo que la ciencia haya demostrado?

Sí. El placebo cura, y el nocebo (un placebo negativo) puede enfermarnos. Las expectativas pueden ser muy potentes. Lo que asumes es lo que obtienes.

Montó usted una buena en el Foro Económico Mundial en Davos (2019).

Dije lo que pensaba, lo absurdo que era que los ricos acudieran en 1.500 jets privados para escuchar a David Attenborough advertir sobre la crisis climática. Y señalé el problema de los paraísos fiscales, su mundo. No me han vuelto a invitar.

¿Qué esperaba?

La gente piensa que es una reunión de ricachones poderosos que intentan dirigir el mundo. La realidad es mucho más perturbadora, es gente muy amable que cree realmente que ellos están en el lado correcto de la historia.

¿Así funciona el mal?

Todo empieza en las creencias.

Su tesis es que el ser humano es bastante decente.

En las últimas dos décadas ha habido una revolución silenciosa en la ciencia. Muchos científicos de diversas disciplina han pasado, gracias a sus investigaciones, de una visión cínica de la naturaleza humana a una más esperanzada.

Escoja una investigación.

Marie Lindegaard analizó un montón de vídeos de cámaras en la calle en Copenhague, Ciudad del Cabo, Londres... para estudiar cómo responden los transeúntes ante una situación difícil de un desconocido. En el 90% de los casos la gente actúa de forma solidaria.

¿Por qué pensamos lo contrario?

Durante mucho tiempo hemos creído que la civilización no es más que una fina capa de barniz que se resquebraja a la mínima ocasión para dejar al descubierto nuestra naturaleza perversa. Pero los hechos y los datos demuestran que esa imagen del ser humano no se corresponde con la realidad.

Pero si miramos el siglo XX la visión es bastante sombría.

Cierto, capaces de vivir dos guerras mundiales, un Holocausto... Pero pensar que la humanidad es mala y que eso explica todas las atrocidades está lejos de la realidad.

¿Entonces?

Los soldados alemanes en 1944 y 1945 seguían luchando en una guerra que sabían perdida. Los psicólogos de los aliados no podían entenderlo y entrevistaron a muchos soldados y comprobaron que la mayoría no luchaba por odio ideológico sino por amistad y lealtad hacia sus compañeros. La imagen es más compleja.

Los soldados se negaban a disparar durante la Gran Guerra.

El historiador S.M. Marshall descubrió que solo entre un 15% y un 25% de los soldados disparan al enemigo. Es un patrón que se remonta a siglos. Ha habido mucha investigación al respecto. Tenemos que ser entrenados para matar, no es algo natural para la mayoría de nosotros.

Es una buena noticia.

La idea de que la persona es fundamentalmente egoísta forma parte de la sociedad ­occidental desde hace 2.000 años. Para Thomas Hobbes, padre de la filosofía política, ­somos básicamente egoístas y hay que refrenar nuestros instintos; y los fundadores de EE.UU. tuvieron esa influencia sumada a la mala interpretación del darwinismo: la ley del más fuerte.

Pero las evidencias no lo confirman.

Tenemos décadas de evidencias arqueológicas. Las guerras empezaron con el auge de la civilización, cuando nos asentamos e inventamos la agricultura. Pero el poder sabe que si no podemos confiar los unos en los otros necesitamos gente que se responsabilice, es decir: los necesitamos a ellos. Si cambias la visión de la naturaleza humana, todo cambia.

Hábleme de la bondad.

Investigué la historia del naufragio de un grupo de chavales británicos en 1965 que vivían en Tonga, una isla cerca de Australia. Hay una versión, El señor de las moscas , novela superventas que contaba cómo se mataron y lo mal que acabaron esos chicos en esos 15 meses sobreviviendo en una isla desierta.

A los lectores les parecía lo más verosímil.

Entrevisté al capitán que los salvó y a alguno de los chicos y me contaron una historia de amistad y resiliencia. Si las personas esperan lo peor de los demás, lo obtendrán.

Somos la historia que nos contamos.

Exacto, y no soy naif. No somos ángeles ni demonios, pero la cuestión es en qué lado nos fijamos. Hay evidencias claras de que lo que nos ha hecho evolucionar es la amabilidad y la cordialidad. Según la ciencia, tener esperanza es lo realista. El poder increíble de las ideas, eso es lo que dirige el mundo.

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