Mi forma de verlo:

Con mucho respeto y admiración, comparto este texto publicado en el País, extracto de la colección póstuma de ensayos "El río de la conciencia" que el célebre neurólogo Oliver Sacks (1933-2015) dejó preparado dos semanas antes de fallecer. 

Aunque los 10 ensayos ahondan temáticas diversas, todos confluyen en la voluntad de responder a la eterna pregunta que guió la investigación y estudio de Sacks: ¿Qué es lo que nos configura como humanos?

En este extracto, se sumerge sobre la falibilidad de la memoria. ¿Cuál es la “verdad histórica” y la “verdad narrativa”? ¿Podemos llegar a distinguirlas? Y, ¿Cuál tiene más peso en nuestra experiencia? ¿Lo recuerdas?

Recopilación:

En ausencia de cualquier confirmación exterior, no existe una manera fácil de distinguir un recuerdo o una inspiración auténticos, sentidos como tales, de los que se toman prestados o se sugieren, entre lo que Donald Spence denomina la “verdad histórica” y la “verdad narrativa”.

Aun cuando se descubra el mecanismo subyacente de un falso recuerdo, puede que tal cosa no altere la sensación de una experiencia o “realidad” vivida que poseen tales recuerdos. Y no solo eso, sino que quizá las evidentes contradicciones o absurdos de ciertos recuerdos tampoco alteren nuestra convicción o creencia.

En cuanto este relato o recuerdo se construye, acompañado de una viva imaginería sensorial y fuertes emociones, no existe una manera psicológica interior de distinguir lo verdadero de lo falso, ni tampoco una manera neurológica exterior.

Al parecer, no existe ningún mecanismo en la mente ni en el cerebro que asegure la verdad, o al menos el carácter verídico, de nuestros recuerdos. No poseemos ningún acceso directo a la verdad histórica, y lo que nos parece cierto o afirmamos que lo es se basa tanto en nuestra imaginación como en nuestros sentidos. No existe manera alguna de transmitir o grabar en nuestro cerebro los sucesos del mundo; se experimentan y se construyen de una manera enormemente subjetiva que, para empezar, es diferente en cada individuo, y cada vez que se evoca un hecho se reinterpreta o se reexperimenta de manera diferente. 

Nuestra única verdad es la verdad narrativa, las historias que nos contamos unos a otros y a nosotros mismos: las historias que continuamente recategorizamos y refinamos. Dicha subjetividad se incorpora a la mismísima naturaleza de la memoria y es consecuencia del fundamento y mecanismos de nuestro cerebro. Lo asombroso es que las aberraciones exageradas son relativamente escasas, y en su mayor parte nuestros recuerdos son sólidos y fiables.

Fuente: