Mi forma de verlo:

Puede que hayas tenido la intención de hincarle el diente al archi difundido Sapiens de Yuval Noah Harari -que por la parte que me toca, altamente recomiendo- pero todo se ha quedado en eso, en la intención.

En una muy breve entrevista, pero deliciosa, Yves Coppens (el "papa" de Lucy) es capaz de seducirte para que te inclines a leerlo, o al menos que te asalte la curiosidad de saber más del origen de todo.

Si le preguntamos ¿Qué debió sentir el primer humano consciente? Responde: "Que sabía que sabía. Y supo que era él. Sabía quién era. Y esa mirada renovada le transformó y cambió el mundo, porque entonces descubrió que iba a morir. Y ese es el descubrimiento que nos hace humanos."

Quizá pues, no solo el deseo de sobrevivir (que compartimos con el resto de seres vivos) pero la consciencia de nuestra mortalidad e impermanencia, es lo que nos hizo capaces de adaptarnos a todo tipo de cambios, y evolucionar hasta lo que somos hoy y ahora.

Se habla de la vida, del azar, de la cultura versus la genética, de "la especie", si alguna ya, del papel primordial del lenguaje, pero yo me quedo con esta frase: "El azar no son más que las leyes del cosmos". Para Coppens no hay casualidades, sino causalidades.
Recopilación:

Desde cuándo somos humanos?

Desde que la consciencia hizo un uso pirata del cerebro de un primate que había evolucionado para adaptarse.

¿La consciencia es una infección mental?

El cerebro primate había evolucionado hasta el punto que hizo posible que la consciencia lo invadiera y utilizara.

¿Qué sintió aquel primer humano que fue consciente?

Que sabía que sabía. Y supo que era él.

¿Se miraba en el agua y se reconocía?

Sabía quién era. Y esa mirada renovada le transformó y cambió el mundo, porque entonces descubrió que iba a morir. Y ese es el descubrimiento que nos hace humanos.

¿Cómo llegamos hasta ese momento?

El universo surge del big bang hace 14.000 millones de años; el Sol y la Tierra, del polvo estelar hace 4.600; y hace 4.100 que se generó la atmósfera: el agua, tierra y aire. Y 4.000 que aparecen las primeras formas de vida en el agua.

¿Qué es la vida?

El primer organismo vivo es el primero que pudo reproducirse. Y esa vida se desarrolla y diversifica para adaptarse, porque la Tierra es muy diversa. Surgen así seres unicelulares y pluricelulares hasta llegar a los primates, hace 70 millones de años. Y ahora mírese: ¿qué ve?

Ojos, manos, piernas...

¿Ve cómo sujeta usted esa taza de café con la pinza de su mano? Pues los primates ya las tenían para sujetar las ramas en vez de garras, porque la tierra estaba cubierta de bosques.

¿Y mis demás órganos se explican igual?

Puede leer toda la historia del universo en cada parte de su anatomía. Cuando la Tierra, respondiendo a las leyes cósmicas, basculó sobre su eje y cambió el clima de nuevo, los bosques fueron desapareciendo para dar paso a la sabana. Mire sus ojos. ¿Cómo ven?

Como los de todo el mundo, supongo.

Tenemos visión en tres dimensiones y otros mamíferos no, porque la necesitamos entonces para ver de lejos a nuestros predadores y presas. Los ojos se situaron donde están.

¿No hubo algo de suerte en todo eso?

El azar en la evolución del hombre no es sino la ignorancia en la cadena de transformaciones que llevan desde las leyes del universo hasta la más pequeña parte de nuestra anatomía.

¿La tierra bascula sobre su eje y a nosotros nos va cambiando el cuerpo?

Nos adaptamos. Sin árboles no hay necesidad de trepar ni de tener manos. No las tenemos por azar. Las tenemos porque las leyes del cosmos cambiaron el clima. El azar no son más que las leyes del cosmos.

¿La casualidad no existe?

Sólo hay causalidades: las conozcamos o ignoremos. Hay una continuidad de causas y efectos entre el big bang y cada una de nuestras células.

¿Por qué otros animales no se irguieron?

Porque se adaptaron de otros modos a los cambios del clima. Y hace tres millones de años un grupo de primates había evolucionado hasta el australopitecus: ahí tiene a Lucy.

Su Lucy: la australopitecus que descubrió.

Lucy vive entre árboles y estepa, así que camina y trepa. Después, la Tierra vuelve a bascular sobre su eje y la sequía liquida bosques y frutos.

Y tenemos que volver a adaptarnos.

Por eso, las narices y los dientes de los prehumanos evolucionan para comer carne y el cerebro gana volumen para pensar, porque sólo sobreviven los primates que desarrollan estrategias colectivas para evitar a los depredadores.

¿Qué adaptaciones nos hacen humanos?

Las esenciales son las de la respiración, las del consumo y las que generan el razonamiento. Y así aparece otro uso pirata de esos órganos evolucionados: el lenguaje, que aprovecha que, al erguirnos, la laringe se estira y desciende y forma las cuerdas vocales liberando la lengua.

¿Entonces la cultura supera a la genética?

La cultura así ralentiza a la genética, porque ya no es necesario tener vello como el de un oso si te enseñan de niño a cazarlo y hacer abrigos.

¿Cada raza evoluciona a su modo?

He excavado en Siberia y Etiopía y no he visto gran diferencia entre sus habitantes y nosotros. En cambio, si se quedaran aislados en su redacción y se fueran reproduciendo, acabarían siendo otra especie. Eso se llama deriva genética.

¿Y hoy derivamos o nos globalizamos?

La cultura neutraliza las diferencias genéticas. En África he visto encontrarse a dos grupos humanos. Primero desconfían; después van comunicándose; intercambian parejas y enseguida hay interfecundidad permanente.

Toda pureza es una mezcla olvidada.

Por eso hoy ya no se puede hablar de diferentes especies humanas. En realidad, ya somos una.

¿Y hacia dónde vamos, profesor?

Cuando yo era un niño, mi abuela ya se quejaba del ruido de la modernidad y de los coches que acabarían con el planeta.

Su abuela era sabia.

Pero también estoy seguro de que había una abuela hace 800.000 años que se quejaba del ruido de las voces, ese sonido moderno, y del entrechocar de piedras para hacer hachas. Y de que tanto hacer fuego acabaría con el planeta.

¿Seremos transhumanos?

Sin duda. Muy pronto iremos reemplazando los órganos que se degradan con la edad.

¿E inmortales?

Nunca, pero sí alargaremos nuestras vidas de forma hoy inimaginable.

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