Mi forma de verlo:

The Craving Mind: From Cigarettes to Smartphones to Love – Why We Get Hooked and How We Can Break Bad Habits, de Judson Brewer es un libro altamente recomendable y revelador, dónde uno de los argumentos principales es que los malos hábitos son en sí mismo adicciones. En este artículo Eric Baker explora el concepto de la disonancia cognitiva qué sucede cuando un mal hábito se filtra a través de la práctica del Mindfulness: el vínculo entre “el deseo intenso de hacer algo” (crawing), y el “acto de hacerlo”, se rompe por ser contradictorios.

RAIN es su la propuesta para lidiar con la cadena Gatillo-Deseo-Respuesta-Recompensa, (Cue-Crawing-Response-Rewars) a través de la atención plena. Os invito a continuar leyendo el desglose de los puntos fundamentales.

Recopilación:

Judson Brewer (director del Laboratorio de Neurociencia Terapéutica del Center for Mindfulness in Medicine, Health Care, and Society de la Escuela de Medicina de la Universidad de Massachusetts) es el autor de The Craving Mind: From Cigarettes to Smartphones to Love – Why We Get Hooked and How We Can Break Bad Habits. Según él, los malos hábitos son adicciones.

Se suele decir es imposible deshacerse de un hábito, que lo único que puedes hacer es sustituirlo. Hasta yo lo he dicho.

Sin embargo, la atención plena (mindfulness) no sustituye el hábito de fumar por nada: “Nuestra investigación demostró que la atención plena rompía el vínculo entre el deseo intenso y el acto de hacerlo”. Los psicólogos lo denominan “disonancia cognitiva”, es decir, el estrés experimentado al sostener simultáneamente dos ideas, creencias, opiniones o actitudes contradictorias.

Los sujetos de estudio eran más propensos a responsabilizarse de sus errores si creían que tenían la fuerza suficiente para cambiar su comportamiento.

El primer paso consiste en reconocer la disonancia cognitiva cuando está actuando. Nuestra mente hará lo imposible por preservar nuestro sentido de identidad, así que lo útil será tomar conciencia de cómo sentimos tal disonancia. Normalmente, se manifiesta como una sensación de confusión, estrés, vergüenza o culpabilidad.

Los malos hábitos se afrontan, no se resuelven. Sentimos estrés, ansiedad, tristeza, da igual. Lo que tenemos claro es que no nos encontramos bien, y como –naturalmente– queremos encontrarnos bien, hacemos algo que nos ha hecho sentir bien en el pasado. El hábito sigue un patrón de conducta estándar: factor desencadenante - comportamiento - recompensa. Cuando repetimos este patrón con la suficiente asiduidad, se convierte en un acto reflejo y acabamos reaccionando instintivamente en vez de responder conscientemente.

Pero el verdadero problema de los malos hábitos es que se dedican a hurgar en la herida y no sliucionan el problema que hay detrás. No solo no lo sliucionan, sino que, a menudo, lo empeoran. Y como reaccionamos instintivamente, pocas veces nos damos cuenta de que nuestro mal hábito está agravando el problema. Ahí es donde entra en juego la atención plena: para darnos cuenta y no juzgar.

¿Cómo podemos lidiar con este terrible malestar hasta que el deseo intenso desaparece? El método RAIN propone:

  1. Reconocer: No intentes racionalizar el malestar. Es muy difícil enfrentarse a algo si antes no te das cuenta de que ese algo existe.
  2. Aceptar: No se trata de “rendirse” sino, simplemente, de aceptar que el deseo intenso está ahí.
  3. Investigar: Normalmente nos enfrentamos a los malos hábitos intentando alejarnos de ellos. La atención plena hace exactamente lo contrario. Alimenta tu curiosidad, pero hazlo desde la “no-identificación”. Recuerda que no eres tus pensamientos. Tu cerebro piensa todo tipo de locuras y disparates, pero ello no significa que tú seas esos pensamientos.
  4. Tomar Nota: Toma notas mentales de lo que sientes. Utiliza una slia palabra o una breve frase para etiquetarlo. Parece una tontería, pero es extraordinariamente útil: estás aplicando lo último en neurociencia. Nada reduce el impacto de las emociones, pero cuando pones nombre a una sensación, tu cerebro se calma.
Fuente: