Mi forma de verlo:

Quizás es redundante iterar que nuestro cerebro prioriza las opciones de recompensa inmediata por encima de las que dan frutos a más largo plazo. Nuestra toma de decisiones está basada en nuestra capacidad única de prever recompensas futuras.

Jeff Wise nos propone cómo podemos optimizar esas decisiones a través de lo que él denomina, el "algoritmo". Como muestra un botón, aunque os animo a leer con detalle el artículo completo.

Recopilación:

El cerebro humano no está formado por dos partes en conflicto, sino por un sistema unitario que prioriza las opciones de recompensa inmediata por encima de las que dan frutos a más largo plazo.

A diferencia de las palomas, los seres humanos tienen la capacidad de prever recompensas futuras, no solamente una, sino series de ellas que se despliegan en el futuro.

Colectivamente, estos momentos de satisfacción se irán sumando en un proceso que Ainslie denomina “agrupación” (bundling). De la misma manera que un dependiente de una tienda monta una cesta de regalo, la circuitería de recompensa subconsciente del cerebro calcula el valor colectivo de todos los beneficios que se producirán mañana, al día siguiente y al otro, y los agrupa en un paquete.

Lo hacemos es, esencialmente, proyectarnos mentalmente en el futuro para experimentar hoy la satisfacción de las recompensas de mañana.

Sorprendentemente, los investigadores han descubierto que las personas que se identifican más profundamente con sus futuros yos son mejores a la hora de autocontrolarse.

La gente que está absolutamente segura de su conducta futura no tiene que luchar contra su fuerza de voluntad.

“Agrupar” es fácil porque no cabe ninguna duda de que el flujo de recompensas futuras llegará.

El deseo está motivado: para vencer a la tentación y conseguir el cambio, es necesario disipar la niebla de la inseguridad y desarrollar la confianza en la conducta futura propia.

La manera de hacerlo es mediante un proceso que denomino “el algoritmo”. Si lo sigues asiduamente, sustituirás la espiral negativa de la inseguridad autocumplida por una espiral positiva de autoconfianza.

Funciona así:

Primer paso: Elige una regla sencilla que te puedas aplicar, tan sencilla y clara que sea imposible fracasar. Segundo paso: Asegúrate de que haces el primer paso. La cuestión no es crear un hábito, sino establecer un patrón de demostración para que tu cerebro lo cumpla. Esta técnica se emplea desde hace muchos años, por ejemplo, en Alcohólicos Anónimos,  cuyo programa de actuación consiste en abordar un problema inmenso fijándose objetivos modestos –asistiendo a reuniones, manteniéndose sobrio “día a día”– y constatando continuamente que se está en el buen camino.

Fuente: