Mi forma de verlo:

Ninguna ruptura es una herida limpia, un pasar página sin más, un "poner los contadores a cero". Toda ruptura cala, deja huella, transforma. Algo se rompe, y algo de ti y en ti se rompe con ello.

Incluso siendo uno quién la provoca, la historia, la persona, la situación sigue de alguna manera viviendo en nosotros, a pesar de nosotros. Una ruptura es siempre un desgarro de una bien querida y, a su vez, ilusoria certeza.

Sabiendo de antemano que no se puede vivir con garantías, nos resulta imposible vivir sin ninguna certidumbre. Necesitamos aferrarnos a ciertas certezas, aunque sean una construcción particular de cada uno. Por eso las rupturas desgarran: ponen en evidencia la fragilidad de esa ilusión inventada.

Y aunque toda ruptura conlleva la esperanza de encontrarse, también implica el riesgo de perderse. "No todos tenemos la misma capacidad para sobreponernos y transformar el pasado".

Entender que "el borrón y cuenta nueva no forma parte de la naturaleza de la ruptura" y que es un desgarro del tejido construido hasta el momento que, inevitablemente nos cambia, puede ayudarnos a aceptar y dimensionar ese dolor.

Ante tal evidencia y, a pesar de ella, yo me agarro a lo con que Claire Marin cierra esta entrevista: "Correr el riesgo de vivir es apostar por las alegrías posibles".

Recopilación:

Toda ruptura es un desgarro?

La mayoría lo son si te involucraste sinceramente en la relación. Estás perdiendo una parte de ti mismo cuando terminas una historia.

¿Las rupturas son nuestras tanto si las producimos como si las sufrimos?

Sí, muchos de nosotros seremos ambos durante nuestra vida, pero también se puede vivir como una liberación, un movimiento de sinceridad y autenticidad, el momento en que dejas de mentir a los demás o a ti mismo.

¿Cualquier tipo de ruptura?

No importa si es amorosa, familiar, profesional o una ruptura con la vida interior, todo depende de la razón de la ruptura y de la forma en que puede dañar a alguien más.

Romper no es una página en blanco.

A todos nos gustaría ver la ruptura como la ocasión de una nueva vida y convertir lo ocurrido en conocimiento. Pero a veces no es más que el efecto de la falta de valor, de la dejadez.

¿Las rupturas no nos cambian?

Pueden transformarnos, depende de la forma en que respondamos a ellas. Puede ser la oportunidad de redefinir nuestra vida, pero también puede ser una experiencia muy destructiva. Estar acompañado por la familia o los amigos es esencial para encontrar la energía para superar la tristeza y la soledad.

¿Nuestra vida está hecha de rupturas?

Sí, y nos gustaría que fueran limpias, pero son un desgarro constante. Desgarramos el tejido de una vida en común en la que las identidades están tan mezcladas que ya nadie sabe dónde empieza uno o acaba el otro.

Queremos que la ruptura acabe rápido, iniciar una nueva vida, ¿es posible?

No si la relación es importante en nuestra vida. Las cosas, los libros, las canciones, los lugares están llenos de recuerdos compartidos. No es tan fácil borrar nuestro pasado, incluso si decidimos terminar una historia sigue viviendo en nosotros, a pesar de nosotros. Una ruptura es siempre un cataclismo interior.

Una enfermedad, un duelo, una depresión, ¿es una ruptura con nosotros mismos?

Al contrario: nos sentimos atrapados en nuestra vida, pegados a nosotros mismos, cuando preferiríamos olvidarnos de nosotros mismos, para salir de nuestra vida.

¿Podría crear nuevas posibilidades o es sólo la experiencia de la pérdida?

Puede tomar algún tiempo, pero podemos descubrir una nueva forma de vida mucho más satisfactoria que la anterior, aunque no hayamos elegido la ruptura. Por el contrario: puede que hayas fantaseado con una ruptura como el comienzo de una gran nueva vida y estar muy decepcionado por ello.

Dice que la mayoría de los fracasos no nos aportan nada. ¿El dolor es inútil?

Por supuesto que sí. Puede ser simplemente destructivo. Algunos fracasos fragilizan a la gente, a veces durante mucho tiempo. Cuando has sido traicionado o humillado, puede pasar mucho tiempo antes de que vuelvas a tener confianza, antes de que vuelvas a confiar en alguien.

Después de una ruptura el otro se convierte en un desconocido, ¿sucumbimos a la ilusión del amor?

A menudo la posibilidad de ser otro pone de manifiesto, de manera dolorosa, las ilusiones del amor y del afecto: ¿cómo ha podido engañarme de esta manera?

Duele.

O tal vez no sea una ilusión, tal vez la otra persona ha cambiado realmente y esa es la razón por la que tuvo que irse: para ser libre de expresar otra parte de su personalidad que no podía existir en la relación anterior.

¿Qué podemos hacer con la rabia?

Convertirla en energía. Energía para hacer algo que no nos habríamos atrevido antes, energía para ser más independientes, para crear. Pero también puede ser muy obsesiva. El tiempo ayuda a manejarla progresivamente.

Cuando nos rompemos, ¿qué es lo que se rompe en nuestro interior?

Puede ser una personalidad en la que ya no encajamos o un compromiso al que no podemos ser leales ahora, porque nuestros sentimientos o nuestra forma de pensar (ideología política, espiritualidad) han cambiado.

¿La ruptura entre progenitores e hijos es inevitable?

Todos tenemos que tomar cierta distancia con nuestros padres para convertirnos en adultos.

Cuando alguien querido muere nos preguntamos por qué. ¿No somos realistas?

Sentimos una terrible injusticia. Y tenemos razón, nada lo justifica. Pero la vida no puede vivirse con garantías, las cosas no pasan como uno se las imagina, no basta planificarlas para que salgan bien, pensar eso es irracional.

¿Cómo vivir sin ninguna certeza?

No podemos, es insoportable. Necesitamos tener alguna relación garantizada (familia, amistad), aunque sepamos que nada es para siempre, confiar e imaginar algunos horizontes de estabilidad para continuar en nuestra vida.

¿Cómo?

Correr el riesgo de vivir es apostar por las alegrías posibles. Y tener la fuerza de recordar, incluso en la noche más trágica, el destello de la felicidad que esconde.

La esperanza de encontrarse

Por mucho que intentemos planificarla, la vida dispone de nosotros, las cosas se tuercen, se rompen y nos dejan hechos añicos. Claire Marin ha escrito un libro ­difícil y duro, Rupturas (Alienta), en el que se resiste a dejarse llevar por la visión simplista de los nuevos inicios. Si está en ese momento de ruptura sentimental, laboral, familiar, le ayudará a dimensionar el dolor, entender que el borrón y cuenta nueva no forma parte de la naturaleza de la ruptura y que por más que lo deseemos no es un corte limpio, es un desgarro del tejido de una vida en común, y eso nos cambia. No todos tenemos la misma capacidad para sobreponernos y transformar el pasado, pero verter luz y afrontarlo nos ayuda. “Toda ruptura conlleva la esperanza de encontrarse y el riesgo de perderse”.

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