Mi forma de verlo:

Yo me tomaría un café, o dos, con Paul Fuster. O lo que se preste, pero que implicara compartir un rato de calidad con este hombre.
¿Qué puedo añadir? Pues que seguramente su escogida travesía del desierto le ha hecho llegar a la bahía de la sabiduría más esencial. 
Y es que mirarle a la cara a la vida, no es tarea fácil. Pero quizás, no hay más opción que dejar que la vida nos atraviese, para poder sentir, finalmente, que tenemos el deber de vivirla.

Él goza de "no dar nada por merecido". Podría ser un buen punto de partida.
No sobran ni las comas, a gozarlo pues.

Recopilación:

Paul Fuster, Músico.

Tengo 44 años. Nací en Minnesota y vivo en Cardona. Me he dado la oportunidad de ser músico. Comparto espacio con una mujer. Tengo un hijo, Rowen (21), que es mi padre. ¿Política? Un show..., pero alguna flor saldrá. Me siento parte del Todo, ligado a todos: tú eres yo

Hijo de Valentí Fuster, cardiólogo ilustrísimo...

Nos queremos. Siento gran empatía, él me entiende. ¡Y eso que debí de preocuparle, pobre...!

¿Por qué?

Salí sensible, con ansias de conocer por mí mismo, no por lo que me dijeran. Yo de niño lo desmontaba todo para ver las piezas: el cortacésped, el lavavajillas, la tostadora, la bicicleta, todo...

¿Luego volvía a montarlo?

Sí. Y siempre me quedaba alguna pieza sobrante. Tan necesaria no sería.

Eso sería por su genética de científico...

Todos mis antepasados fueron médicos, investigadores, es verdad... Pero de niño también me abrazaba a los altavoces con la música muy fuerte, para sentir su vibración...

¿Qué tipo de música?

Alegre, funk, disco, rhytm & blues, swing... Vibraciones rítmicas y armonizadas: ¡la música es mi medicina!

¿Para curar qué?

El trauma de haber venido al mundo. No entendía por qué si no hacía las cosas de una determinada manera sería un loser (perdedor) .

¿Y qué hizo?

Explorar por mí mismo. Me largué de casa con 17 años, vagué por ahí, conviví con chatarreros septuagenarios, ¡mis maestros!

¿Qué le enseñaron?

Era como ir a misa, yo me fijaba y así aprendí a hacer de todo con mis propias manos: bicicletas, motos, roulottes, furgonetas... Trabajé en un taller mecánico, ¡mi universidad! Y me hice una autocaravana con una casita de madera encima...

¿Qué le decían sus padres?

Aprobaron que me desarrollara como ser humano. Tienen entereza.

¿Y se ha desarrollado?

Entendí que el mundo es mi jardín, y con la autocaravana lo cambiaba a mi antojo. Olvidamos demasiado que somos humanimales, que estamos aquí para vivir y aprender.

¿Y qué hace ahora?

Bicicletas antiguas, de los años treinta, tan bonitas que relajan la mirada. Y también me doy la oportunidad de hacer música.

¿Se la había negado?

La hacía para mí, hasta que un vecino me dijo: “No tienes derecho a quedártela, ¡mués-trala!”.

Y así lo ha hecho.

En el 2013 recorrí Catalunya, que es pequeñita, en mi bicicleta: así di 58 conciertos en 60 días. Y me volví a mi taller de bicicletas... ¡Y ahora vuelvo a salir otra vez a actuar!

¿Está contento?

Gozo de no dar nada por merecido: los humanos creemos que por serlo merecemos todo, y nos sentimos siempre víctimas.

¿Y no?

¡No! Mereces eso que sepas ganarte con tu propia mirada: si miras con aprecio y gratitud, ¡asoma la belleza! Yo elijo cómo tomarme la vida, ya no necesito culpar al mundo.

Y yo hago lo que puedo.

¡Yo me siento privilegiado de que por mi cabeza haya pasado la idea de que soy un privilegiado porque puedo elegir cómo sentirme!

¡Qué entusiasmo!

Podrás tener ideales y aspiraciones, ¡pero eres ya ahora, aquí! Date cuenta, estás aquí, ahora, y quizá lo más precioso esté ahorabajo tu nariz.

Conmigo, ¿está usted aquí y ahora?

Sí, sí, creo que al 90%.

Pues yo... no sé.

Date a ti mismo, y a la vez estarás dando a todos. ¡Ama! Somos animalitos tan vulnerables... que buscamos seguridades: ahí se erige el capitalismo. Nos enseñan a estar dormidos y nos dividen con chorradas.

¿Está aludiendo a nuestros políticos?

A la política, la religión, las ideas, los deportes, los principios... ¡Las patrias! ¡Chorradas... con las que nos ponemos pasionales! Y esto me duele, porque... siento empatía por la humanidad.

Todo irá bien, Fuster.

Esa esperanza tengo, como un niñito. Nos entretenemos con esas chorradas para no ir al asunto: ¡estar limpio y confiado!

¿Así se lo enseña a su hijo?

Mi hijo es ya mi padre: me enseña a mí. Me separé, pasé angustia, también la angustia de ser padre..., pero estuve a su lado toda su adolescencia, sentí ese imperativo moral. Y hoy tenemos un pacto, él y yo.

¿Qué pacto?

Que su futura esposa me odiará. Que él me dejará estar en su casa, yo viejito. Y que les contaré muchas barbaridades a sus hijos.

Hermoso pacto.

No somos bipolares, somos multipolares y contradictorios, y yo lo bendigo y lo celebro.

Me ha filosofado, así que despídase con su enseñanza de vida.

No quiero saltarme la vida, incluida toda su crudeza. Quiero estar disponible para la vida, no quiero prohibírmela, yo quiero formar parte de la banda de la música de la vida.

Anotado.

Yo cada mañana me visualizo con 92 años agonizante en un hospital, diciéndome: “Debería haber dicho, debería haber hecho...”. Y acto seguido ¡lo digo y lo hago! Es que yo quiero morir vivo.

 

 
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