Mi forma de verlo:

En una sociedad líquida, donde reinan a destajo la precariedad de los vínculos afectivos acuñados por la masificación de las redes sociales -en los que contactos, seguidores y amigos se transforman en sinónimos-, en que la felicidad está vinculada a la preponderancia de mi subjetividad: mi bienestar, mi deseo, mi crecimiento, mi desarrollo, mi objetivo...

En ésta, nuestra sociedad actual, donde reinan el individualismo, la competitividad y la autosatisfacción, la amistad no puede ser otra cosa que subversiva.

Ya que si en "el mercado de las relaciones humanas, las posibilidades son infinitas; ¿por qué habría de de atravesarse una dificultad, soportar un límite, aguantar una molestia en un vínculo, cuando la oferta es abundante?"

Precisamente por eso es subversiva la amistad.

Porque "no obedece a un orden institucional, ni a la conveniencia, ni a la optimización de recursos, ni al utilitarismo, ni al logro de objetivos pragmáticos. La amistad es una construcción vincular a contramano, en la que ni las reglas ni el rédito tienen cabida y, por lo tanto, donde se pueden encontrar, desinteresadamente, las fuerzas, las ganas y el apoyo para pensar y luchar por un mundo en el que se extingan, por fin, los odios que hoy lo envenenan".

Ojalá hubiera escrito yo este delicioso artículo dedicándoselo a un amigo.

Mi suerte, valga decir, es que fue una gran amiga la que me lo envió.

No dejen de leerlo.

Recopilación:

Cuando la explotación capitalista fragmenta, divide y aísla, sometiendo a la humanidad al sálvese quien pueda, ¿qué valor adquiere la amistad?

Hace cuarenta años, en una entrevista para una revista juvenil gay, el filósofo Michel Foucault se explayaba sobre cómo entendía lo subversivo de la homosexualidad. Planteaba que había que dejar de entender el asunto en términos de identidad, del propio deseo y, más bien, preguntarse qué tipo de relaciones se pueden inventar a partir de esa experiencia.

Señalaba que, visto desde este ángulo, la cuestión que está en juego es la amistad. Que, a pesar de la discriminación contra la homosexualidad propia de la época, el acto sexual entre dos hombres jóvenes no era lo que "inquietaba" socialmente. "Helos el uno frente al otro, sin las palabras oportunas, sin nada que les tranquilice acerca de la atracción que sienten. Tienen que inventar de punta a cabo una relación indefinida, la amistad, la suma de todos los elementos por medio de los cuales mutuamente se hacen querer."

Para el filósofo francés, lo verdaderamente turbador no era la imagen de los cuerpos de dos hombres enlazados por el deseo, sino la posibilidad de que entre ellos surgiera la ternura, el afecto, el compañerismo, la camaradería… es decir, las condiciones para establecer una alianza. Volveremos sobre este punto.

Instantáneo y descartable

En las últimas décadas, algunos autores han advertido sobre la fluidez y precariedad de los vínculos afectivos, a tono con la falta de seguridad y la flexibilidad del mundo laboral perfilado por el neoliberalismo. En una sociedad capitalista como la actual, además, la felicidad está asociada al ejercicio de una "psicología positiva" centrada en la subjetividad: la preocupación por lo que siento, lo que me afecta y estresa, lo que me angustia, lo que deseo, mi crecimiento, mi desarrollo, mi satisfacción, mi bienestar.

En ese mundo, como lo han señalado diversos estudiosos de las relaciones humanas, el otro no puede ser más que un obstáculo o un medio: los cálculos de costo/beneficio que se aplican a la hora de racionalizar las decisiones del consumo, aplicadas a las relaciones humanas. Les otres son tratados como mercancías que sirven a un fin o dejan de servir porque se convierten en un obstáculo que lo entorpece: me permite crecer o se ha convertido en un impedimento, satisface mi deseo o ya no, me entretiene o ha comenzado a aburrirme. En el mercado de las relaciones humanas, las posibilidades son infinitas; ¿por qué habría de de atravesarse una dificultad, soportar un límite, aguantar una molestia en un vínculo, cuando la oferta es abundante?

"Como las sopas quick, se espera que las relaciones no conlleven ningún trabajo, que no requieran de la inversión de tiempo, ni de atención, que sean instantáneas. Como los envases de cartón, se espera que además, se puedan descartar sin mayores consecuencias".

La masificación de las redes sociales, aunque posibilita verse y escucharse a miles de kilómetros, revincularse a pesar de haber tomado diferentes rumbos y otras tantas maneras de encontrarse antes impensadas, también ha devaluado el concepto de amistad. Contactos, seguidores y amigos se transformaron en sinónimos.

Pero la amistad, ya llevaba perdiendo la partida desde hace tiempo, con el amor romántico -especialmente entre las mujeres heterosexuales, donde consolidar una pareja estaba asociado a una valoración social favorable de la joven adulta-. Y aun cuando el amor romántico ha entrado en tela de juicio, la amistad no cobra mayor relevancia en una sociedad donde los valores impuestos por el régimen social de la explotación, son los del individualismo, la competitividad, la autosatisfacción y el sálvese quien pueda.

Esa relación indefinida e indefinible

Volviendo a las reflexiones de Michel Foucault, ¿por qué la amistad, entendida como alianza, genera inquietud social? Fundamentalmente, porque es una "relación indefinida", según sus palabras. Y de este hilo viene bien tirar todo lo que podamos, más allá de las reflexiones de Foucault sobre la homosexualidad. La amistad no obedece a un orden institucional, ni a la conveniencia, ni a la optimización de recursos, ni al utilitarismo, ni al logro de objetivos pragmáticos.

La amistad es una de las pocas formas de relaciones interpersonales que no está sujeta a deberes y obligaciones dictadas por la ley. No hay institucionalización de la amistad en ningún Estado, como sí lo hay del matrimonio -heterosexual o "igualitario"-, de la ma-paternidad -mediante la patria potestad compartida o ejercida solo por el varón progenitor-, hasta del concubinato.

"En la sociedad de clases, donde una minoría ejerce el poder a través del Estado y sus instituciones de dominio sobre una inmensa mayoría, las alianzas de los oprimidos siempre tienen la posibilidad de generar inquietud en los opresores".

Durante este año de pandemia, crecieron las consultas por ansiedad, angustia y estrés. Algo fundamental para afrontar esta situación son los vínculos afectivos. Y aunque estos también se vieron afectados por las restricciones sociales impuestas para la prevención de los contagios, sigue valiendo la pena apostar a esos vínculos libremente consensuados, sin formatos predeterminados, donde el "trabajo" mutuo sobre las subjetividades -que incluye placeres compartidos, pero también cuestionamientos agudos- permiten el desarrollo vital de la individualidad y la creatividad productiva. Vínculos que permanecen, por sobre otros. Incluso que sobreviven a sí mismos, porque se constituyen en parte de lo que somos.

Una construcción vincular a contramano, en la que ni las reglas ni el rédito tienen cabida y, por lo tanto, donde se pueden encontrar, desinteresadamente, las fuerzas, las ganas y el apoyo para pensar y luchar por un mundo en el que se extingan, por fin, los odios que hoy lo envenenan.

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