• De amor, que hablen los poetas. Por supuesto. Aunque no vamos a negar que los científicos también discuten sobre el amor, intentando descifrarlo. Y a pesar del esfuerzo, hay que reconocer que no tienen ni idea de lo que realmente es. El "qué" no queda claro, pero si saben mucho del "cómo" funciona.
    ¿Y qué saben?
    Saben que el amor reside en el cerebro, no en el corazón. Parece ser que Aristóteles la lió parda hace 2500 años, cuando desarrolló su teoría corazón-céntrica, que seguimos ilustrando, aun, a estas alturas.
    ¿Y qué más?
    Que los circuitos neuronales del amor y las regiones encefálicas activadas en un cerebro enamorado son las mismas que las que conforman el Circuito de Recompensa. El circuito encargado de evaluar las experiencias y premiarlas. El mismo donde reside la motivación y nos enrollamos en las drogas, la música o los éxtasis religiosos.
    Vaya. ¿Algo más?
    Que el amor es un proceso biológico. Estamos codificados para buscar amor, compañía, sexo y orgasmos.
    Los neurocientíficos también conocen las moléculas del amor. Esas alteraciones químicas que nos suceden y nos sacuden en las distintas fases del proceso amoroso: desde el

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  • “¿De dónde surge esa característica humana que nos lleva a no valorar lo que ya tenemos? Pues emana de algo bello y diabólico, que nos catapulta y a la vez nos esclaviza, y que se denomina “eterna insatisfacción”.”

    Si esta pregunta no es suficientemente sugerente para entregaros a este artículo de Fernando Trías de Bes, aquí subrayo algunos de los apuntes más importantes, para abrir boca, y para provocar el deseo…. de leerlo, de cabo a rabo.

  • Aquí un intento de desgranar los puntos fundamentales del artículo de Martin E. P. Seligman y John Tierney publicado en el New York Timesen Mayo del 2017.

    Filtramos información almacenada en nuestra memoria, para poder generar predicciones y ser capaces de proyectar futuras posibilidades. Ese es el propósito fundamental de la memoria: optimizar nuestra capacidad de enfrentarnos al presente y al futuro a través del análisis de lo acontecido en el pasado

    Podríamos decir así, que las emociones responden a nuestra capacidad cerebral de elaborar respuestas inmediatas, basándose en un análisis de lo sucedido, el objetivo principal de las cuales es guiar el comportamiento y el juicio futuros.

  • Aunque nos guste regodearnos de que la conciencia es uno de nuestros más valiosos atributos como especie, sino el que más, siento aguar la fiesta, pero de conscientes nada, de nada.

    Como mucho somos animales emocionales que racionalizamos lo que hacemos.
    Según The National Science Foundationtenemos alrededor de unos 60.000 pensamientos al día, de los cuales, el 95% están bajo el nivel de la conciencia. Son automáticos, reactivos, rápidos, y están organizado en patrones basados en experiencias previas.
    Y así tomamos decisiones. Especulamos futuros posibles, basados en lo que ya conocemos. Citando a Moreno: "El cerebro es una máquina del tiempo, que, para tomar decisiones, evoca escenarios pasados, simula futuros y elige uno".
    El problema es que decidir, es agotador. Se conoce con la terminología "decision fatigue": decidir consume muchísima energía, y hemos evolucionado para optimizar este gasto

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  • Puede que hayas tenido la intención de hincarle el diente al archi difundido Sapiens de Yuval Noah Harari -que por la parte que me toca, altamente recomiendo- pero todo se ha quedado en eso, en la intención.

    En una muy breve entrevista, pero deliciosa, Yves Coppens (el "papa" de Lucy) es capaz de seducirte para que te inclines a leerlo, o al menos que te asalte la curiosidad de saber más del origen de todo.

    Si le
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