• Una cosa es el placer y otra cosa es la motivación para buscarlo. 

    En su libro, Deseo y PlacerIgnacio Morgano, catedrático de Psicobiología en el Instituto de Neurociencia de la UAB, ahonda en los entresijos de ambos términos. 
     
    La activación de la archiconocida ya, dopamina genera la motivación, las ganas de buscar el placer. La segregación de este neurotransmisor no produce placer en sí, sino que solo impulsa su búsqueda. Dispara las ganas de buscar el placer, pero no genera placer. 
     
    El placer -la obtención final de ese deseo- en cambio, depende más de encefalinas, de endorfinas y de otros tipos de moléculas que son muy ubicuas en todo el cerebro. 
     
    Y hay dos cosas fundamentales sobre esta relación. 
     
    La primera es que nuestro
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  • Antonio Damasio, uno de los más destacados neurocientíficos de nuestra era, que ha pasado gran parte de su carrera investigando el mundo de los afectos, obsesionado por "qué y cómo nos emocionamos, sentimos y utilizamos los sentimientos para construir nuestro yo", plantea, y defiende - entre muchas otras cosas- en el bellísimo y necesario, "El extraño orden de las cosas" algo que me parece de una relevancia abismal.

    Damasio propone que "las respuestas culturales habrían sido creadas para empezar, por seres humanos decididos a cambiar su situación vital, o mejor, para que fuera más confortable, más agradable o más propicia. Sufrir y prosperar, los dos externos de ese espectro habrían sido los principales factores de motivación de la la inteligencia creativa que indujo a las culturas".

    Entonces, "la confrontación con el dolor y el sufrimiento y la certeza de la muerte, en contraste con la posibilidad

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  • Enjuiciando al "mal tiempo buena cara" como sistema vital. Así empieza la entrevista a la psiquiatra y psicoterapeuta Anabel Gonzalez. No nos equivoquemos, disimular las emociones no es gestionarlas. Y a su vez, gestionar no conlleva poder decidir que es lo que tenemos y no tenemos que sentir.: "A las emociones la dictadura de nuestro pensamiento no les ayuda en nada".

    Y sigue con la máxima: Cambiar es de lo más difícil que hay. Parece ser que "le tenemos mucho cariño a nuestra forma de ser aunque sea el mayor de nuestros problemas". Precisamente por eso cambiar asusta, porque es la única seguridad que tenemos.

    Pero que no cunda el pánico, no es imposible. Pero cambiar requiere tiempo. En su libro, Lo bueno de tener un mal día, lo explica

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  • Aquí un intento de desgranar los puntos fundamentales del artículo de Martin E. P. Seligman y John Tierney publicado en el New York Timesen Mayo del 2017.

    Filtramos información almacenada en nuestra memoria, para poder generar predicciones y ser capaces de proyectar futuras posibilidades. Ese es el propósito fundamental de la memoria: optimizar nuestra capacidad de enfrentarnos al presente y al futuro a través del análisis de lo acontecido en el pasado

    Podríamos decir así, que las emociones responden a nuestra capacidad cerebral de elaborar respuestas inmediatas, basándose en un análisis de lo sucedido, el objetivo principal de las cuales es guiar el comportamiento y el juicio futuros.