• El ser humano está biológicamente programado para el cambio, y gracias a nuestra adaptación al cambio hemos evolucionado como especie, pero a su vez, somos altamente resistentes al cambio.

    ¿Por qué ?

    Primero, por qué nuestro sistema cerebral se basa en dos premisas básicas: la economía energética y la supervivencia.

    Cambiar un patrón automatizado, reactivo y de respuesta veloz por otro nuevo conlleva un alto consumo energético. Es un proceso lento y nuestro cerebro se resiste a ese derroche de energía. Aunque el cambio sea para nuestro bien, la función de nuestro cerebro es mantenernos con vida, no hacernos felices.

    Además, cambiar nos aterra ya que pensamos que implica poner en cuestión nuestra identidad. Y si cambio, ¿Qué seré? ¿Quién seré?

    Para que nuestro cerebro nos conceda el derroche energético que implica cambiar, hay que estimularlo, y sólo la motivación de un nuevo escenario posible y mejor para nosotros puede ejercer esta función.

    Y la cuestión de la identidad, en su libro ...

  • Eduard Punset, (1936-2019), con su carismática personalidad y su curiosidad insaciable, fue capaz de despertar en muchos que, a priori, no hubieran estado interesados, esa necesidad de saber por qué somos como somos. Según decía, “había que explicar a la gente ciencia que le interesara, que les explicara cómo eran por dentro, qué les pasaba, por qué eran como eran. Ciencia popular”. El programa Redes (1996) lo hizo posible divulgando la ciencia en una época en que no había apenas nada de ciencia en la televisión, llegando a muchos y calando en la mayoría.

    De todos, éste es uno de los episodios que más destaco. Desbancando al estigmatizado inconsciente Freudiano, ahondamos en el poder y la sabiduría del nuevo inconsciente, con la humildad de reconocer, que no somos seres racionales, al menos, no tanto como creíamos. Pasen y vean.

  • Las creencias son nuestras certezas necesarias, sin ellas, nos sentiríamos desvalidos ante un mundo, en principio, incomprensible y sin sentido. Son nuestra constelación de la realidad y conforman la base de nuestra identidad.

    Para poder comprender el mundo -o al menos asignarle un sentido imprescindible (sin él no podríamos navegarlo)- interpretamos nuestras experiencias, generalizando, sesgando, eliminando y distorsionando la realidad a nuestro favor para poder atribuirle un significado. Son parte de un proceso adaptativo inevitable, por eso son dicotómicas, agrupan las experiencias en positivas y negativas, para calcular riesgos y predecir resultados derivados de nuestras decisiones.

    Es nuestro orden necesario para ordenar el ininteligible mundo. Y si lo crees, es: "Algunas personas pueden sufrir ataques de asma ante flores de plástico, si creen que son verdaderas".

    Pero hay que tener en cuenta que dirigimos nuestra energía dónde dirigimos nuestra atención. Solo somos capaces de ver lo que queremos ver, y solo registramos lo que las confirma eliminando, o menospreciando lo que no.

    El problema deriva en que mientras

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  • Cómo decir tanto en tan pocas palabras, y de una relevancia que aterra, como hace el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, en esta entrevista para la revista Psychologies.com

    Que la hipercomunicación actual, aunque elimine la distancia, solo es capaz de establecer contactos pero no hace más que destruir relaciones. Si la proximidad de esta hipercomunicación está ligada etimológicamente a la distancia, por definición, a su vez, destruye la cercanía y con eso las definiciones de la amistad y el amor tal y como las entendíamos hasta ahora.

    Y hay más, mucho más.

    Esa hipercomunicación, hace que el narcisismo actual, a diferencia de otros momentos históricos, se caracterice por el carácter efímero del mismo. Nada dura, por lo tanto el narcisismo "pierde las certezas que otras formas de expresión estables permitía identificarse", conduciéndonos al vacío y a la angustia
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  • La mentira tiene una función evolutiva, está ahí dónde hay vida, "hasta las flores mienten". Lo que pasa es que los humanos, gracias al desarrollo del pensamiento simbólico, que nos permite imaginar algo que no existe en la realidad, hemos aprendido a mentir más y mejor.

    Básicamente para sobrevivir. Pero no solo sobrevivir del riesgo del otro, sino de nosotros mismos: Las metáforas, los símbolos, las conjeturas y las mentiras, nos permiten sobrellevar la incertidumbre, porque necesitamos aferrarnos a la mentira de que la vida tiene algún sentido.

    Hasta la idea de nuestra propia identidad es ficticia, un autoengaño necesario: "mentimos y nos mienten porque queremos que nos quieran y nos reconozcan".

    La construcción de nuestro personaje, que va alterando su propia memoria añadiendo lo que queremos pensar de nosotros mismos, es una manera de darle lógica a lo que nos sucede y quienes somos. Pero ojo, es una arma de doble filo, ya que acabamos siendo lo que nos contamos de nosotros mismos, aunque sea mentira.

    Pero todos estamos rodeados de pequeñas mentiras, y las necesitamos, "el consuelo es que no todas las mentiras son

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  • El cerebro humano necesita confirmar lo que entiende como realidad, y por ello tendemos a infravalorar las pruebas que contradicen nuestras creencias o a sobrevalorar aquellas que las confirman. Nuestro cerebro, no puede sostener la incongruencia, así que hará todo lo posible para justificarse.

    El problema radica cuando identificamos nuestras creencias con nuestra identidad. Si es así, cambiar de opinión significa cambiar algo de nuestra identidad, cosa que no podemos asumir. Ozan Varol lo explica maravillosamente, aquí un esbozo de su artículo.

  • Confieso que no he leído el libro "Todo Cuenta", pero que ya tengo ganas de hincarle el diente solo de recorrer esta entrevista a Diana Orero. Para ella, como para Elie Wiesel, las personas se convierten en los relatos que escuchan y en los relatos que cuentan.

    Quizás, entonces, la máxima libertad reside en elegir qué pensar, qué recordar, y qué elegimos narrarnos. Aparentemente todos tenemos ese poder, pero se nos olvida utilizarlo.

    "La única diferencia entre la esperanza y el

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