• Quizás levante algunas ampollas, pero ya era hora que alguien escribiera un artículo con rigor sobre esta tendencia enfermiza a la mercantilización del Yoga. Puede que Natalia López Pevida sea un poco radical en su provocador artículo en el que muchos se pueden sentir ofendidos pero, salvando las distancias, en lo esencial, da en el clavo.

    A Dios pongo por testigo que cada vez que veo una foto en las redes sociales de un pseudo yogui ejecutando un asana -y si es en una playa, a la puesta de sol, más- se me revuelve el estómago. El yoga es lo contrario a la afirmación del ego. Ahí lo dejo.

    Pero, polémicas aparte, amamos el yoga y precisamente por eso la relevancia de este artículo.

    Hemos llegado a un punto en que si no te bebes un zumo de remolacha, espinacas y jengibre recién exprimido en ayunas y no

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  • The Craving Mind: From Cigarettes to Smartphones to Love – Why We Get Hooked and How We Can Break Bad Habits, de Judson Brewer es un libro altamente recomendable y revelador, dónde uno de los argumentos principales es que los malos hábitos son en sí mismo adicciones. En este artículo Eric Baker explora el concepto de la disonancia cognitiva qué sucede cuando un mal hábito se filtra a través de la práctica del Mindfulness: el vínculo entre “el deseo intenso de hacer algo” (craving), y el “acto de hacerlo”, se rompe por ser contradictorios.

    RAIN es su la propuesta para lidiar con la cadena Gatillo-Deseo-Respuesta-Recompensa, (Cue-Craving-Response-Rewars) a través de la atención plena. Os invito a continuar leyendo el desglose de los puntos

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  • Un cerebro más atento es un cerebro más feliz, más pausado, más en paz. Más atento en lo único que es veraz y real, el aquí y el ahora.

    De los 70.000 pensamientos diarios que podemos tener, la mayoría son cháchara mental y nos suceden sin elegirlo; son automáticos e inconscientes y, desgraciadamente, poco productivos. Son un ruido percutivo e incómodo, constante e implacable.

    Nos pasamos el día surfeando entre planteamientos que viajan al pasado -a la culpa, a la nostalgia- y la ansiedad e incertidumbre del futuro. Naturalmente, casi nunca estamos en el aquí y el ahora. Nuestra red neuronal se encarga de ello. Nuestro poderoso inconsciente maneja la jugada sin pedir permiso.

    Por eso, para estar presente, hay que forzarlo, ya que biológicamente no tenemos esta tendencia. Hay que provocar estar plenamente aquí, desde la decisión consciente. Buscar el silencio, la soledad y practicarla.

    Forzar nuestra atención dispersa a ubicarse en lo único que tenemos, el ahora.

    Hay que elegir, parar, centrar, para poder estar, como el observado de la realidad que somos. ...

  • Si te pongo el título original del artículo, igual, ni me lo lees. Pero se podría tildar de un post de "Neurociencia para Dummies" que, en realidad, es lo que somos; unos incompetentes en cuestiones de bienestar emocional.
    Nuestra falta de conocimiento de los procesos biológicos de nuestro cerebro y el porqué de los mismos, hace que nos creemos unas expectativas vitales erróneas, e inalcanzables. Y de ahí entramos en el bucle eterno de la insatisfacción. 
    Échale un vistazo a las ideas básicas, no está de más saber qué está pasando en tu cerebro a nivel químico mientras tu te empeñas en ser feliz. Saber qué pasa no va a solucionar el problema, pero sí que da un poco de paz entender que tu biología no está jugando a tu favor, al menos, en tu búsqueda ilusoria de la felicidad.