• Si con Paul Fusterme tomaría un café o dos, con Mariano Sigman -uno de los neurocientíficos más reputados del mundo- me iría, como mínimo, a cenar, para poder tener toda la noche por delante y la oportunidad de ahondar en algunos de los temas como los que desmenuza en esta maravillosa y extensa entrevista.

    En ella se sondea desde la neotenia, al innatismo, a los sesgos cognitivos, el academicismo científico, a los campos semánticos (el uso que las personas

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  • "Del amor que hablen los poetas", título de un artículo de Lola Morón publicado hace ya algún tiempo en el País Semanal, bien podría ser perfectamente el epígrafe de esta magnífica reflexión de Emiliano Bruner. Porque a pesar de que su exposición es distinta, llegan a conclusiones muy similares. Y es que la ciencia aplicada tiene claras limitaciones al tratar de definir ciertos aspectos complejos y cruciales de la vida. Cómo el amor.

    Y aunque conceptualmente bien podemos distinguir claramente entre el enamoramiento, "esa sobredosis bioquímica y emocional -quizás la más fuerte que nuestro cerebro sea capaz de generar sin ayuda de drogas exógenas- cómplice la oxitocina, la dopamina, y todo un cóctel de moléculas que generan una respuesta comportamental increíblemente parecida a lo que clínicamente caracteriza un trastorno obsesivo-compulsivo" y la relación
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  • A nadie le gusta equivocarse, meter la pata, no saber hacerlo bien, en definitiva "cagarla". Pareciera que equivocarse es casi un crimen y se juzga como tal. Pero, va a ser que es la manera de aprender amigos.

    En este experimento, publicado en la revista de Science Express, se llegó a la conclusión que cuando hacemos cosas nuevas disponemos de dos circuitos cerebrales: uno que incorpora las nuevas habilidades y otro que procesa las equivocaciones.

    El segundo, el procesador de equivocaciones, es precisamente el responsable de detectar nuestros fallos "entre lo deseado y lo que realmente sucede y los memoriza para utilizarlos en un futuro". Vaya, el que nos permite aprender más rápido.

    Cuando antes nos metamos en el error, antes aprenderemos a hacer las cosas. Pero hay que meterse en él, hasta el fondo, vivirlo en carne propia, acumular fallos para poder sacar conclusiones válidas y así mejorar en nuestra actuación.

    Si aprender deriva de equivocarse, debemos ir

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  • De amor, que hablen los poetas. Por supuesto. Aunque no vamos a negar que los científicos también discuten sobre el amor, intentando descifrarlo. Y a pesar del esfuerzo, hay que reconocer que no tienen ni idea de lo que realmente es. El "qué" no queda claro, pero si saben mucho del "cómo" funciona.
    ¿Y qué saben?
    Saben que el amor reside en el cerebro, no en el corazón. Parece ser que Aristóteles la lió parda hace 2500 años, cuando desarrolló su teoría corazón-céntrica, que seguimos ilustrando, aun, a estas alturas.
    ¿Y qué más?
    Que los circuitos neuronales del amor y las regiones encefálicas activadas en un cerebro enamorado son las mismas que las que conforman el Circuito de Recompensa. El circuito encargado de evaluar las experiencias y premiarlas. El mismo donde reside la motivación y nos enrollamos en las drogas, la música o los éxtasis religiosos.
    Vaya. ¿Algo más?
    Que el amor es un proceso biológico. Estamos codificados para buscar amor, compañía, sexo y orgasmos.
    Los neurocientíficos también conocen las moléculas del amor. Esas alteraciones químicas que nos suceden y nos sacuden en las distintas fases del proceso amoroso: desde el

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  • Eduard Punset, (1936-2019), con su carismática personalidad y su curiosidad insaciable, fue capaz de despertar en muchos que, a priori, no hubieran estado interesados, esa necesidad de saber por qué somos como somos. Según decía, “había que explicar a la gente ciencia que le interesara, que les explicara cómo eran por dentro, qué les pasaba, por qué eran como eran. Ciencia popular”. El programa Redes (1996) lo hizo posible divulgando la ciencia en una época en que no había apenas nada de ciencia en la televisión, llegando a muchos y calando en la mayoría.

    De todos, éste es uno de los episodios que más destaco. Desbancando al estigmatizado inconsciente Freudiano, ahondamos en el poder y la sabiduría del nuevo inconsciente, con la humildad de reconocer, que no somos seres racionales, al menos, no tanto como creíamos. Pasen y vean.

  • Si te pongo el título original del artículo, igual, ni me lo lees. Pero se podría tildar de un post de "Neurociencia para Dummies" que, en realidad, es lo que somos; unos incompetentes en cuestiones de bienestar emocional.
    Nuestra falta de conocimiento de los procesos biológicos de nuestro cerebro y el porqué de los mismos, hace que nos creemos unas expectativas vitales erróneas, e inalcanzables. Y de ahí entramos en el bucle eterno de la insatisfacción. 
    Échale un vistazo a las ideas básicas, no está de más saber qué está pasando en tu cerebro a nivel químico mientras tu te empeñas en ser feliz. Saber qué pasa no va a solucionar el problema, pero sí que da un poco de paz entender que tu biología no está jugando a tu favor, al menos, en tu búsqueda ilusoria de la felicidad.
  • Aquí un intento de desgranar los puntos fundamentales del artículo de Martin E. P. Seligman y John Tierney publicado en el New York Timesen Mayo del 2017.

    Filtramos información almacenada en nuestra memoria, para poder generar predicciones y ser capaces de proyectar futuras posibilidades. Ese es el propósito fundamental de la memoria: optimizar nuestra capacidad de enfrentarnos al presente y al futuro a través del análisis de lo acontecido en el pasado

    Podríamos decir así, que las emociones responden a nuestra capacidad cerebral de elaborar respuestas inmediatas, basándose en un análisis de lo sucedido, el objetivo principal de las cuales es guiar el comportamiento y el juicio futuros.

  • A estas alturas, ya nos habremos dado cuenta que nuestro cerebro tiene una tendencia a rechazar la información que contradice lo que "supuestamente" ya sabemos, y, asumimos como cierto, y tiende hacer oídos sordos a una opinión que lo rebata, aunque sea aplastante.

    Es lo que los científicos llaman sesgo de confirmación: "Buscar e interpretar datos de una manera que fortalezca nuestras opiniones preestablecidas". Creo que a todos nos viene a la cabeza, en este momento, algún que otro paciente endémico de dicho sesgo.

    Tali Sharot, directora del Affective Brain Lab en la UCL, en su libro The

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  • Con mucho respeto y admiración, comparto este texto publicado en el País, extracto de la colección póstuma de ensayos "El río de la conciencia" que el célebre neurólogo Oliver Sacks (1933-2015) dejó preparado dos semanas antes de fallecer. 

    Aunque los 10 ensayos ahondan temáticas diversas, todos confluyen en la voluntad de responder a la eterna pregunta que guió la investigación y estudio de Sacks: ¿Qué es lo que nos configura como humanos?

    En este extracto, se sumerge sobre la falibilidad de la memoria. ¿Cuál es la “verdad histórica” y la “verdad narrativa”? ¿Podemos llegar a distinguirlas? Y, ¿Cuál tiene más peso en nuestra experiencia? ¿Lo recuerdas?

  • "El cerebro humano es posiblemente la obra de ingeniería imperfecta más impresionante que exista". Y es que en su función primordial y fundamental, la supervivencia, es muy eficiente, impecable. Pero a pesar de su maravillosa eficacia para mantenernos vivos (o precisamente por ella) es altamente impreciso si lo medimos con la vara de la razón.

    Y es que no somos ni racionales ni analíticos por defecto, sino que nuestro cerebro juega a favor de la preconcepción de la realidad de cada uno, para justificar y ratificar, lo que de antemano creemos que es verdad. Todos nosotros procesamos la información de una manera diferente, distorsionada y parcial, justamente para favorecer nuestra coherencia interna. Aunque sea falsa, errónea o absurda, la damos como buena.

    Has oído hablar de ellos, seguro. Están en todas partes. Se llaman sesgos cognitivos, y caemos en ellos, o los practicamos de forma inconsciente a diario. Hay muchos errores de lectura, pero Miguel Jorge, nos describe los más

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  • Puede que hayas tenido la intención de hincarle el diente al archi difundido Sapiens de Yuval Noah Harari -que por la parte que me toca, altamente recomiendo- pero todo se ha quedado en eso, en la intención.

    En una muy breve entrevista, pero deliciosa, Yves Coppens (el "papa" de Lucy) es capaz de seducirte para que te inclines a leerlo, o al menos que te asalte la curiosidad de saber más del origen de todo.

    Si le
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